
Pero... ¿no quedó linda igual? Además, rellena por mi no queda tan larga y angosta, ji ji ji...
Fotografía y gráficos tomados de aquí.
Pero... ¿no quedó linda igual? Además, rellena por mi no queda tan larga y angosta, ji ji ji...
Fotografía y gráficos tomados de aquí.
¡No se preocupen, muchachos! Aunque estén medio rotitos y sucios... ¡yo los quiero!
¡A su lugar!
Y ahora, lo más importante: mi remera lila. ¡Parece que marcha bien esta vez! Aunque yo le veo un detalle que no me gusta pero bueno, ya está y no pienso desarmarla (cuando la termine les cuento), y aunque ese punto del cuerpo (medio punto, tres cadenas, medio punto) parece que no hiciera avanzar nunca el tejido:
¡Y en esta casa, cuantas cosas raras hay!, piensa Joaquín:
Y todo lo que había en la sala... ¿dónde está? ¡En el comedor y en nuestra habitación, por supuesto!
¡¡Caos totaaaal!!
Hizo frío, y nosotros sin la salamandra... ¡Observen a mi pobre esposo! ¡Qué carita de felicidad! ¡Y Manucho, sin lugar para echarse siquiera a dormir!
El pobre Manucho Mujica no sabe dónde ir en caso de poder pescar algún huesito; menos mal que acepta compartir el sillón con Gustavet, ja ja ja...
Por mi parte, compré hilo peruano color lila y decidí tejer la remera que en una oportunidad publicó Delfina. Yo leí que a ella le había quedado grande al seguir el patrón tal cual, pero me dije que si a ella le iba grande, a mí me quedaría bien... ¡¡gravísimo error!! ¡¡Está quedando enormeee!! He aquí la foto, antes de destejerla, ¡¡snif, snif... con el poco tiempo que tengo para tejer...!!
También aprendí a tejer el círculo en dos colores, como espiral, y pensé en hacer una cartera, ¡pero ahora, en este caos desastroso, no encuentro ni el forro, ni las manijas, ni nada!
Lucía le prestó una peluca a la profe de Historia, que consiguió unos zapatos con plataforma altísima y unos pantalones batik buenísimos (lo cuento porque en la foto no se ve):
La profesora de Matemática... ¡se sabía la letras de todos los temas!
El profesor de Periodismo, una mezcla de Lennon y Mercury:
Y yo pagué caro el festejo, porque cuando volví a casa, no me podía despegar las pestañas postizas por nada del mundo... ¡y perdí un montón de pestañas propias! ¡Ay, ojalá que vuelvan a crecer!
¿Babosa, yo?
¡¡¡Nooooooooo!!