¿Qué hacer con Manucho Mujica durante nuestras vacaciones?¡Qué problema...!
Ya todos sabemos que adoramos a este perrito, que deja que le hagamos cualquier cosa...


...y que es como el niño de la casa...

Por decisión unánime, nos pareció que lo mejor sería que quedase en casa de mi mamá.
Hace tiempo solíamos llevarlo algunos domingos y a él le encantaba porque mi papá, aunque yo lo retara y le pidiera que no lo hiciera, le regalaba huesos a escondidas... Pero después mis padres se hicieron cargo de Felipe, el labrador de mi hermano, y la única vez que Manucho Mujica lo vio... ¡¡se lo quería comer crudo!! ¡Qué revuelo se armó! Tuvimos que mandarlo nuevamente a casa, llevado por Javier en la bici...
Desde entonces (diciembre pasado), Manucho no había regresado a esa casa.
Hasta ahora.
Conversación telefónica con mi mamá, desde Jujuy:
-¿Y Manucho, qué hace?
-Manu no quiere comer esa comida que vos le trajiste (el alimento balanceado), sólo come si se lo mezclo con pollo...así que le corto pollito y así lo engaño... (!!!)
-¡Qué desgraciado!
-¡Ah, y agua tampoco quiere...! Lo único que quiere tomar es leche, yo la entibio porque hace mucho frío, y así sí, la toma...
-¡Ay mamá, te dejé un perro y me vas a devolver un chancho! ¿No le hará mal? ¡Mirá que Manucho no es de mucho comer...!
-¡Pero no, qué le va a hacer! Y el almohadón ese que le dejaste... ¡tampoco lo quiere!
(aclaración: Manucho Mujica desde siempre acostumbra succionar la punta de algún almohadón cuando tiene sueño o está nervioso; nosotros decimos que "toma la teta")
-...¡No lo quiere a ese, y chupó todos los almohadones del sillón, los dejó hechos un asco, pero lo dejo porque me da lástima...
-¿Y con Felipe?
-Se hicieron amigos, se corren como locos, pero Manu sólo juega si yo voy al fondo... Si no, se queda adentro. ¡Y otra cosa! Siempre tiene que haber alguien en la casa, porque si se queda solo llora, se lo escucha desde la calle...
¡Madre santa! Ya me imaginaba el panorama... Manucho Mujica, rey de la casa: pollito, leche tibia, todos los almohadones a su disposición, seguramente huesos y otros alimentos (mi mamá no me lo confesaría nunca pero yo lo sabía)... ¡al diablo con su educación!

Pero lo importante era que lo cuidaban mucho.
Con Lucía fuimos a recuperarlo. Nos imaginábamos que Manucho saltaría de alegría, que nos lamería las caras, que lloraría de emoción...
¡Cuando nos vio! Se subió a su sillón (es decir el de mi mamá, que ahora era suyo), y desde allí... ¡¡nos gruñíaaa...!! ¡No quería que lo tocáramos; sólo se dejaba acariciar por mi mamá! En cuanto estirábamos el brazo, gggrrrr... gggrrrr... Mi mamá quería quedárselo "un día más, para que se tranquilice", así que en cuanto él se distrajo un poco, lo agarré de prepo, lo envolví en el poncho... ¡¡y salí volando de esa casa!!
Ahora está de nuevo con nosotros, aunque no está igual... Siempre fue pegote, pero ahora sí que no se me separa ni a sol ni a sombra.

Y ya no se deja hacer "cualquier cosa"... Si lo queremos levantar mientras duerme: gggrrrr... Si le movemos el plato mientras come: gggrrrr...
¡Y claro, antes les dejaba hacer todo lo que querían y me abandonaron! ¡Descubrí el paraíso y me arrancaron de allí! ¡¡Ahora me voy a hacer respetar!! ¡Yo les voy a enseñar a tratar a un perro...!¡¡Guau, he dicho!!
