

Tajos y puteadas... ¡qué largos los cuatro años que me faltan!
Con su bufandita haciendo juego, aunque en la foto no se ve, los tejí anoche mientras mi hijo amasaba los ravioles caseros (¡¡no salió a la madre, ja ja ja ja!!). Hoy pasaron por casa y el gordini ya se había resignado al dichoso gorro:
¡No sé cuál es más lindo! ¡Si el padre o el hijo!
Obviamente, tejido con restos de lanas, pobrecito...
Ahora estoy con una sencilla agarradera para estrenar algún día de estos, cuando esté terminada la cocina, ja ja ja ... Y también la emprendí con la cortina al crochet que empecé hace años... ¡y ya me falta repoquito para terminar!
Mientras tanto, mi pobre Manucho Mujica no sabe dónde ir: el patio lleno de escombros, la cocina llena de gente, la comida ya no está donde estaba... "¿Y ahora, qué hacemos?"
"¡Y bueno, lo único que me queda es aprovechar este rayito de sol, aunque sea!"